Dos poemas del libro “El equilibrista y los jardines”, Ediciones La Palma, 2013

Lecciones de botánica

Le partí el corazón, dijo, y yo me quedé más alto dentro de su altura, buscándole pies al ciempiés de sus ojos líquidos, en aquel estruendo de sexos que
se frotan y la promesa que
solo cumple el horizonte, el horizonte deshaciéndose, bonito, en migajas acuarelas.
El corazón se lo partí, pobrecillo, repitió ella altialta, y yo rebusqué en los armarios y en las bóvedas, en las estrellas y en los lápices, en los blancos y en los negros el nudo gordo que
desata las pasiones, los fuegos voladores, sus vértigos más dulces, ¿los que
arranca su lengua?
Esa mujer me puede y me pone y me despone y me azuza y me amorosa, tan lenta y musical. Que
me parta el corazón, que
me lo parta su rayo y así habrá de servir cielo a los más altos cielos, basta de vagabundear en busca de cuervos y mendrugos o limosnas, si ser una sola vez sola es más que
suficiente, laberinto mío, sin cartas ni teléfonos, ven a sentarte sobre mí, así, moviéndote, que
no pido otra cosa sino la luna, esfera de tus ojos, almendro y rododendra, botánica íntima, hazme crecer hasta que
muera y desmuera, limpio pero impúdico, arbolado y florecido, velocidad de tu jardín.

 

Para desbrozar

Y va y me dice que
está casada y yo le argumento que
si eso que
me asegura es para dejarme compuesto con lo puesto y sin novia que
no, que
no vaya por ese caminito porque yo no la voy a dejar, que
esa espesura de arbusto no me separara ni separará, que
es para mí aunque se ponga pelargonia y espinosa, que
yo saco el machete y abro senderos donde hágase la luz, bellesura, no te me precipites, que
nos queda noviazgo, matrimonio y muchos hijos muchos, y que
habremos de saltar la tapia confinadora y cargar suficiente abono para enfrentar problemas, mi trigo limpio, más mía que
mía, no es más que
un abejorro chinchoso quien te disputa al jardinero fiel, le dije. Y para concluir le dije mi arroz, mi bambú, ven que
te desbroce y te vuelva al mundo limpia, perplejo instante de fruta, ven que
de sobra sabes que
te quiero.

 

Tres poemas del libro “La tos de Pablo y otros poemas para inventar el mundo”, Ed. Baile del Sol, 2016.

LA TOS DE PABLO

Cuando mi hijo Pablo tiene
tos tiene
tos el mundo
el mundo feo
el mundo nublado el mundo
tristón el mundo sin vados sin
garajes sin lugar donde apearse sin
solidaridad urgente sin
músculo ni mística
el mundo feo feo cuando
mi hijo Pablo tiene
tos
tos y
juque juque
el mundo se acaba y se acaba
el mundo sin flor sin prestigio
solera decadente de los días
abrumados el mundo que
se acaba en un pañal y
el mundo cosido a
grietas el mundo feo feo sin
trinos sin justicia ejemplar
taller del abuso de los ricos
miserables sin lamento o
consideración ni amor ni
enseñanza ni cooperativa ni
siquiera fugaz
compromiso del hombre con el hombre
en este mundo sin sol sin cima
feliz con escasa prudencia ante
la enfermedad del mundo feo feo
cuando mi hijo Pablo tiene
tos tiene
tos la vida que
se arrastra lejos de las tortugas que
dan pena oceánicas
enredadas en plásticos petroleros del
mundo feo feo sin
misericordia sin
ecología sin
gobierno sin
salida ni freno ni luz de
esperanza porque
mi hijo Pablo tiene tos y tiene solo
diez meses y tos y tos y tos y
ya nada importa más allá
del jarabe y de la altura de
su vista cuando observa y me sonríe y
se levanta la espesura qué
demonios y
el mundo escampa y
pareciera salir de su reja y
de su lado siniestro más oscuro que
lo oscuro y se hace la luz con
vértigos
viridiscentes y
musicales y lo torcido se endereza y
lo fácil es facilidad del aire y
del mundo que
vuelve otra vez a girar con
compás y partitura porque Pablo se me
abraza y
aunque esté en Tenerife escucho repicar
las campanas de Notre Dame de París y
los claxones taxistas en la 5ª con Broadway y
los elefantes relinchos por las selvas de Jaipur y
las cebras apareándose en las llanuras Serengueti y
las ballenas y los delfines campando libres y
las estrellas rutilaciones allá en su altura
eclipsadas e
inseguras porque
mi hijo Pablo hace
muecas sin
tos sin
tos por
fin.

 

LOS POBRES, LADO OBSCENO

Los pobres que
por las terrazas de la ciudad los pobres que
venden pulseras bonolotos rifas o
la voluntad
de la limosna los pobres que
limpian parabrisas y piden piden piden monedas
ruegan un
cartón de leche
cartón de vino
cartón de zumo
tanto monta los pobres que
no saben por qué son pobres los pobres que
tienen baratijas pulseras bonolotos rifas paños
mojados los pobres que
piden piden los pobres que
naufragan en la intemperie ciudad
los pobres que
ahora me conocen porque yo también soy
paro
contingencia
crisis
los pobres que
siempre son los otros para que
él juegue tenis tenga rolls royce tenga rólex tenga escopeta y
cace elefantes en Botswana y folle con hermosas en los hermosos
asientos audi que
la vida es justa porque los pobres
se amigan y se
prestan
consuelo y se
prestan letras y
toda la ortografía cuando escriben
tengo ambre para que
la ache no siga muda y agarre vuelo y
hable de
hartazgo y
heladas que
impunemente
matan.

 

LAS ADOLESCENTES

Porque yo estaba tan tranquilo tomándome
un café en esa terraza que
da a la calle de los institutos no pensé que
ellas
las adolescentes
vendrían a distraerme de la lectura del
periódico y de mi café y de mi primer cigarrillo sabroso
mañanero sino que
pensé que
sería cosa de un momento y que
las hermosas
las adolescentes
se largarían con su canto ruidoso
a las rebajas de Zara pero
resulta que
me equivoqué de todas todas porque
cuando yo solo quería leer y fumar y desayunar ellas
me sembraron la algarabía y su estruendo de risas
fortachonas y yo, sin moverme de mi silla, pensé que
no era justo ni serio ni sano que
me enseñaran gran parte de sus nalgas blancas porque
yo estaba tan tranquilo y ya no pude ni
leer ni pensar en mis cosas ni nada más sino
mirar los arcos que
dibujaba la braga saliendo del vaquero y
ponerme a decidir cuál de ellas era más bella que
bella porque el verano ya principiaba y
todas las hermosas las adolescentes
competían en desbocada desnudez.

Porque yo estaba tan tranquilo elegí
medidas y cuadraturas y sin ser arquitecto alcancé a
vislumbrar que
esos arcos de la nalga que
apunta eran color de la mañana del viernes y
exacta presión de la belleza y
larguísimo instante de felicidad.

Periódico, café y cigarrillo dejaron de
tener sentido y ellas las hermosas
las adolescentes por las que
habían trepado volúmenes de mujer se
fueron de
pronto con
la música de esas esferas intocables.

Toda la luz de ese día lejos no
logró ser más densa que
el deseo de no ser
menos que
para ellas las hermosas las adolescentes un
sombrío tipo
invisible.

 

de Fósiles (1989)

ALBA

Hablaron los del lugar de anónimos y espinas
Contaron horas sin contar con la siniestra
Turbulencia de una siempre puntual Alba

Y Alba fue punto feliz de su nombre,
Y verdad sin más historias,
Y partida lúgubre
de los que derriban muros.

Vuélveme Alba,
deposítame con bondad
en el lecho de las olas,
en el pecho mártir de la espada.

Alba, por qué todos me comentan
las raíces
si yo sólo soy éste
que ahora camino
del agua me empaño
en vago salitre de naufragios
Callaron un largo entonces
los de aquel lugar,
por temor y amor
olvidaron campanas.

 

 

de Altamarinas (1997)

CARACOLA

1

Fragua de mar

tímpano del tiempo

2

¿No es el mar

ruido de tu vida respirando?

 

 

Últimos poemas (1998 -2000)

EL TREN

El tiempo va envolviendo caminos
transcurre por el hilo invisible
de la piel y las miradas.

<<Nos hacemos viejos>>, dijiste,
<<todavía no>>, respondí con la
mentira presta y todos los
vagones
vacíos.